martes, 15 de septiembre de 2009

Monofisismo y Nestorianismo

El monofisismo (del griego μόνος, monos, 'uno', y φύσις, physis, 'naturaleza') es una doctrina teológica que sostiene que en Jesús sólo está presente la naturaleza divina, pero no la humana.

El dogma ortodoxo de la Iglesia Católica sostiene que en Cristo existen dos naturalezas, la divina y la humana «sin separación» y «sin confusión», según el símbolo Niceno-Constantinopolitano. Sin embargo, el monofisismo mantiene que en Cristo existen las dos naturalezas, «sin separación» pero «confundidas», de forma que la naturaleza humana se pierde, absorbida, en la divina.

El monofisismo o doctrina de la unidad física entre la naturaleza humana y la naturaleza divina de Cristo, tuvo como primer promotor a Eutiques, monje archimandrita de un gran monasterio de Constantinopla. Había sido Eutiques un decidido adversario de Nestorio, pero empeñado en querer interpretar al pie de la letra, y no sabiendo entender bien algunas fórmulas poco felices e imprecisas de san Cirilo de Alejandría sobre la unidad de la persona en Cristo, sostuvo que, antes de la Encarnación, había dos naturalezas en Cristo; en la encarnación la naturaleza humana fue absorbida por la naturaleza divina. Denunciado por Eusebio de Dorilea al patriarca de Constantinopla Flaviano, éste le invitó a disculparse ante un sínodo, que, el año 448 le excomulgó y le depuso. Eutiques apeló al Papa y continuó propagando su herejía, contando con el apoyo de Dióscoro, obispo de Alejandría, y del emperador Teodosio II, que convocó un Concilio de Éfeso el año 449. El Papa San León Magno envió al concilio tres legados con una Instructio dogmatica, conocida con el nombre de Tomo a Flaviano, en la que afirmaba con la claridad más precisa la unidad de persona y la duplicidad de naturalezas en Cristo. Pero el Concilio, presidido por Dióscoro y custodiado por grupos armados de monjes fieles a Eutiques, no tuvo en cuenta las directrices del Papa León, rehabilitó a Eutiques y depuso a los obispos que le habían sido contrarios. El Papa convocó, entonces, rápidamente un sínodo en Roma, que condenó el procedimiento seguido en Éfeso como acto de bandidaje (latrocinium ephesinum).

Un año después, muerto Teodosio II, Marciano su sucesor, de acuerdo con el Papa, convocó un concilio en Calcedonia que tuvo lugar el año 451 bajo la presidencia de los legados del Papa; se definió el dogma en cuestión con los siguientes términos: "Uno solo y el mismo Cristo, hijo, Señor, Hijo único, con dos naturalezas sin mezcla, sin transformación y sin división alguna".

Pero los monofisitas no se desanimaron y continuaron teniendo en pie de alerta al campo católico durante muchos siglos; algunos de ellos se constituyeron en iglesias separadas no sólo de Roma sino de la misma "ortodoxia", en Siria, Mesopotamia, Egipto y Armenia.

Monofisismo o eutiquianismo (s. V) – herejía y cisma promovido por el archimandrita de los monjes cirilianos de Constantinopla, Eutiques (+ 454), cuyo origen se remonta a su rechazo a la confesión cristológica conocida con el nombre de ‘Símbolo de la Unión’ (433). Luego del Concilio Ecuménico de Nicea (431) se produjo una crisis entre los seguidores de las dos mas importantes escuelas teológicas dominantes en el Imperio, como lo eran la de Alejandría y la de Antioquía. Esta situación provocó que el Patriarca de Antioquía, Juan, formulara el citado ‘Símbolo de la Unión’ a fin de zanjar las diferencias existentes. En el citado símbolo se afirmo que:

“Confesamos a nuestro Señor Jesucristo, unigénito de Dios, perfecto en cuanto Dios y perfecto en cuanto Hombre, con verdadera alma y verdadero cuerpo, que según la divinidad nación del Padre antes de todos los tiempos y según la humanidad; pues hubo una unión de dos naturalezas, y por eso confesamos un solo Cristo, un solo Hijo, un solo Señor, considerando esta unión sin mezcla, confesamos a la Santa Virgen, como madre de Dios, pues de Dios-Logos se hizo carne y hombre, y en la Encarnación se unió al Templo asumido de Ella”

A pesar de los acuerdos obtenidos entres las dos escuelas, Eutiques no lo aceptó. Sus doctrinas tuvieron por origen la lucha que entabló contra la herejía nestoriana, sin advertir que, en su anhelo, caía en el error opuesto, ya que al cuestionar la naturaleza y la persona de Cristo, terminaba por negar lo que quiso defender. En síntesis, Eutiques sostenía que la naturaleza humana de Cristo había sido absorbida por la divina, produciéndose la unión física de lo humano y divino en una sola naturaleza (fisis), o sea la divina. Así, se negaba la realidad de la naturaleza humana de Cristo que, al ser absorbida por la divina, la carne no sería sino mera apariencia.

Ante la difusión y aceptación de tales doctrinas, Flaviano (Patriarca de Constantinopla) decidió excomulgar a Eutiques (448). Advertido de la situación el papa san León I, el Magno (440-461), un 13/8/449, envió a Flaviano una carta conocida como ‘Tomo a Flaviano’ (Tomus ad Favianum), a través de la cual se condenaban las enseñanzas de Eutiques y se confirmaba la verdadera doctrina de la Iglesia.

En ese estado de cosas, Eutiques buscó amparo dentro de la corte imperial como del entonces Patriarca de Alejandría, Dióscoro. Convencido este último, intercedió a favor de aquél ante el emperador Teodosio II (401-430), promoviendo la necesidad de convocar un nuevo concilio que resolviera la cuestión suscitada por los monofisistas.

En el año 449, fue convocado un nuevo concilio en Efeso, siendo presidida por el Patriarca Dióscoro. Éste impidió la participación de los legados papales, logrando retener para sí la dirección del concilio. Acalladas las voces opositoras (y defensoras de la sana doctrina) y habiendo captado el apoyo imperial, el concilio concluyó con la rehabilitación de Eutiques y sus doctrinas. En la historia de los concilios, éste es conocido como el ‘Latrocinio de Éfeso’, el que fue severamente condenado por el papa León I. A la muerte del emperador Teodosio II (+ 430) y la llegada al trono de su hermana, Pulqueria (quien luego se desposaría con el senador Marciano), la suerte de Eutiques y sus seguidores habría de cambiar radicalmente. En el año 451 se convocó a un nuevo Concilio ecuménico el que se llevaría a cabo en Calcedonia. En el mismo participaron 630 padres conciliares, siendo presidido por los legados papales. En su 5° sesión, además de condenarse las doctrinas de Eutiques como las de Nestorio, depuso a Dióscoro de la titularidad de la silla patriarcal que ostentaba. No obstante, lo más trascendente fue la proclamación solemne de la doctrina según la cual, Cristo, persona divina, tiene dos naturalezas (humana y divina), distintas y no divididas, unidas y no confusas, quedando el dogma definido en los siguientes términos:



“Siguiendo, pues, a los Santos Padres, todos a una voz enseñamos que ha de confesarse a uno y el mismo Hijo, nuestro Señor Jesucristo, el mismo perfecto en la divinidad y el mismo perfecto en la humanidad, Dios verdaderamente hombre de alma racional y de cuerpo, consustancial con el Padre en cuanto a la divinidad, y el mismo consustancial con nosotros en cuanto a la humanidad, semejante en todo a nosotros, menos en el pecado (Heb. 4,15); engendrado del Padre antes de los siglos, y el mismo, en los últimos días, por nosotros y por nuestra salvación, engendrado de María Virgen, la madre de Dios, según la humanidad; que se ha de reconocer a uno y el mismo Cristo Hijo Señor unigénito, en dos naturalezas, sin confusión, sin cambio, sin división, sin separación, en modo alguno borrada la diferencia de naturalezas por causa de la unión, sino considerada la propiedad de cada naturaleza, y concurrente en una persona y una hipóstasis, sino y el mismo Hijo unigénito Dios Logos, Señor Jesús Cristo, como de antiguo acerca de él no enseñaron los profetas y el mismo Jesús Cristo, y nos lo ha transmitido el símbolo de los padres”



Aquellos monofisistas que se negaron a suscribir las definiciones conciliares de Calcedonia decidieron provocar un cisma, dividiéndose entre sí en diversas corrientes. Así tenemos los liderados por Jacobo Bardai Sanzoli, obispo de Edessa (541) cuyos seguidores se autodenominaron ‘jacobitas’ instalando sus principales enclaves en Siria y Armenia. En 1646, un importante grupo de ‘jacobitas’ regresaron a la comunión con Roma, creándose para ellos el Patriarcado de Alepo (Siria). También el monofisismo, en sus diversas vertientes, influyó grandemente a los cristianos de Egipto (coptos) y Etiopía, como así también a los de Armenia, cuya Iglesia aceptó las doctrinas monofisistas elaboradas por el Patriarca de Alejandría, Pedro Mongo (junto al de Constantinopla, Acacio),compilación generalmente conocida bajo el nombre de ‘Enótico’. Entre otros importantes defensores del monofisismo merece destacarse a Julián de Helicarnesio.

Durante el s. VI, la aparición de Severo de Antioquía dio un nuevo impulso a la herejía, cuya impronta fue denominada como ‘verbal’. Severo creía que en Cristo había una sola naturaleza (físis) pero entendida en sentido puramente personal, concreto e independiente, sinónimo de ‘hypóstasis’. Sus seguidores en la actualidad se concentran en algunos lugares de Armenia, Siria, la Mesopotamia y Egipto.

En nuestros tiempos, son cinco las Iglesias no-calcedonianas, las que solo reconocen la validez de los tres primeros (Nicea, I Constantinopla y Efeso). Ellas son: la Iglesia siria ortodoxa (o jacobita); la Iglesia Copto-ortodoxa (Egipto); la Iglesia etíope ortodoxa y la Iglesia malabar ortodoxa (India). Si bien hay comunión entre ellas, se caracterizan por guardar una fuerte autonomía. Durante siglos estas Iglesias se mantuvieron virtualmente aisladas del resto de la Cristiandad, aunque en los últimos tiempos y como fruto del diálogo ecuménico, se han entablado un tímido acercamiento tanto con la Iglesia Católica como con la Ortodoxas.

la doctrina que afirma la existencia de «una sola naturaleza» en Cristo. Se desarrolló del siglo iv al vi, partiendo principalmente de presupuestos alejandrinos, en la discusión y reflexión sobre la relación entre la divinidad y la humanidad de Jesucristo. El punto de partida es aquí el kerygma sobre Jesús, Hijo único de Dios hecho hombre, o la confesión de la verdadera divinidad y de la verdadera humanidad del Cristo uno. La reflexión teológica quiere explicar el cómo de esta unidad en la diversidad. El m. resalta en general, y particularmente en oposición a Nestorio, la unidad en detrimento de la diversidad en Cristo.

I. Formas del monofisismo

1. -> Arrianismo y apolinarismo. El arrianismo (por lo menos el llamado de la segunda generación) y el apolinarismo interpretan a Cristo según el esquema rigurosamente entendido de logos-sarx, es decir, Cristo es logos y sarx (carne, cuerpo) sin alma humana, de forma que el Logos (entendido entre los arrianos como un ser superior, pero creado; y entre los apolinaristas como Dios en sentido estrictamente niceno) ocupa el lugar del «alma» y es principio vital de la carne de Cristo y fuente de todos sus actos espirituales y corporales. Logos y carne forman juntos «la única naturaleza (physis hypostasis) del Verbo encarnado» (fórmula principal de las llamadas falsificaciones apolinaristas).

Cirilo de Alejandría, en la polémica con Nestorio (-> nestorianismo), acepta esta fórmula apolinarista de la naturaleza una, pero la interpreta rectamente. Cirilo admite un alma humana y una verdadera naturaleza humana en Cristo. La unidad y diversidad en Cristo no se explican aún por medio de la distinción entre persona y naturaleza. De ahí que esta cristología se preste siempre a tergiversaciones monofisitas, como lo prueban Eutiques y la historia posterior de la -> cristología. Sin esta distinción, una unidad «esencial» o sustancial en Cristo sólo puede explicarse a la manera de una unidad de naturaleza en el mundo objetivo de las categorías. Eso dan a entender las comparaciones de los padres: La divinidad y la humanidad en Cristo son una sola cosa como el alma y el cuerpo en el hombre, se compenetran como el fuego y el hierro (o carbón) incandescente, o como el fuego y la leña en «la zarza ardiendo» (Cirilo) o bien se fusionan como una gota de vinagre con el mar (Gregorio Niceno). Teniendo en cuenta que tras estas comparaciones está la teoría estoica de la krasis (interpenetrabilidad), ellas garantizan la distinción entre divinidad y humanidad, pero son ambiguas.

2. Monofisismo clásico. Se forma en contraste con la cristologfa antioquena y luego con la de Calcedonia, que enseña la doctrina de las dos naturalezas. Su fórmula capital sigue siendo: «una sola naturaleza del Logos encarnado». a) Monofisismo real. Solamente de pocos teólogos cabe sospechar que admitan en Cristo una mezcla real de divinidad y humanidad para formar un tercer ser, o bien la eliminación de la divinidad en favor de la humanidad (o a la inversa). Por lo general los adversarios no entendieron bien sus fórmulas (p. ej., León i y los papas de los siglos v y vi). Vieron con mayor claridad la situación Vigilio de Tapso (PL 62, 110) y Juan Damasceno (PG 94, 741; cf. LThK vu 563s), b) Monofisismo verbal. Sus adictos son monofisitas tan sólo por sus palabras o fórmulas. Se quedan en el terreno de la cristología de Cirilo, anterior al concilio de Calcedonia. A la cabeza van entre otros Severo de Antioquía (severianos), Filoxeno de Mabbug, Timoteo Aelurus, Jacobo de Sarugh, Pedro Ibero. La insuficiente base precalcedónica conduce a nuevas escisiones (enumeradas en PG 83,53), así en la controversia sobre la pasibilidad (mortalidad natural) del cuerpo de Cristo, que es negada por Julián de Halicarnaso (aphthartodocetas»). Profesan este m. verbal hasta hoy las siguientes iglesias: la copta, la etiópica, la sirio-occidental (jacobistas) y la armenia, que después del Calcedonense se separaron de la Iglesia bizantina. Se han entablado diálogos de unión con la Iglesia ortodoxa griega.

II. Juicio

1. El m. arriano y apolinarista con su síntesis de divinidad y humanidad es una estricta violación de la trascendencia del Logos y una falsificación de la relación entre Dios y el mundo (Arrio se apoya en el esquema neoplatónico en-nous-pneuma-sómata).

2. Pero tampoco el m. verbal supera suficientemente el peligro de una falsa interpretación de la unidad de divinidad y humanidad en Cristo, como lo prueban el monenergismo y el monotelismo. Sólo la doctrina calcedonense de una sola persona (hipóstasis) y dos naturalezas (que también requiere una interpretación cada vez más profundizada) conduce más lejos. El «sin mezcla y sin separación» del Calcedonense debe prevenir también contra una mentalidad monofisita que a veces repercute en otros campos de la teología, a saber, cuando se trata de la cooperación entre Dios y el hombre y su interpretación amenaza con menoscabar la parte humana, p. ej., en la inteligencia de la -> Iglesia, de la -> inspiración (palabra de Dios en la palabra del hombre; inerrancia de la Escritura), de la -> gracia y la libertad, de la relación entre la -> Iglesia y el mundo (autonomía de lo profano), así como entre la historia sagrada y la profana. Pero igualmente debe evitarse una separación pseudonestoriana.

Iglesias monofisitas actuales

Sin embargo, la condena no fue aceptada ni por las congregaciones egipcias ni sirias dando origen a la Iglesia Ortodoxa Copta y a la Iglesia Ortodoxa Siria, la cual durante la época de Justiniano fue liderada por Jacobo Baradeo de Edesa, amigo de la emperatriz Teodora, por lo que su Iglesia es también conocida como Jacobita .

Además, los enviados armenios, que llegaron tarde al Concilio, tampoco aceptaron la condena surgiendo la Iglesia Apostólica Armenia.

La Iglesia Ortodoxa Malankara, la Iglesia ortodoxa etíope y la Iglesia Ortodoxa de Eritrea también siguen doctrinas monofisitas.



El nestorianismo es una doctrina que considera a Cristo radicalmente separado en dos personas, una humana y una divina, completas ambas de modo tal que conforman dos entes independientes, dos personas unidas en Cristo, que es Dios y hombre al mismo tiempo, pero formado de dos personas (prosopōn) distintas.

Afirma que en Cristo hay, además de dos naturalezas, dos personas: una divina (el Verbo) y otra humana (Jesús de Nazaret) Según esto, Cristo es verdadero hombre y verdadero Dios, pero ambas naturalezas tienen sólo una unión moral. La divinidad habita en la humanidad de Jesús como en un templo. En consecuencia, no se puede llamar a María madre de Dios, sino madre de Jesús-Hombre. Fórmulas modernas de nestorianismo o arrianismo serán las que afirman que Cristo es solamente -el hombre para los otros. o simplemente -un hombre provisto excepcionalmente de gracia, o una manifestación extraordinaria de Dios-. Reducen, pues, a Cristo a ser para los hombres sólo un ejemplo, silenciando su divinidad.

Durante los últimos siglos del imperio romano, el cristianismo, inmerso en un doble proceso de fijación del dogma y de transformación en un culto de estado, tuvo que prescindir de la efervescencia religiosa que había marcado sus orígenes. El proceso, iniciado con el concilio de Nicea que definió el dogma, no tardó en convertir las disidencias en herejías y éstas – trátese de nestorianos o monofisitas – en peligros para el orden establecido.

La divergencia de los nestorianos, condenada por el concilio de Éfeso en el 431, y que consistía en distinguir dos personas diferenciadas en Cristo, la divina y la humana, tenía consecuencias muy visibles en la religiosidad cotidiana ya que no rendían culto a la virgen María. Expulsados de la iglesia católica antes de la total definición dogmática de ésta, los nestorianos conservaron una gran flexibilidad tanto hacia las costumbres de los otros pueblos como hacia sus propios rituales.

En el momento de su exclusión, los nestorianos, lejos de ser un pequeño grupo, tenían un peso notable: Nestorio era el patriarca de Constantinopla. Se trataba de un grupo influyente, con poderosos contactos con el mundo de los negocios, y su marginación religiosa en el imperio romano los escoró hacia el vecino imperio persa, donde las ya existentes comunidades cristianas no tardaron en abrazar el nestorianismo. Pero para los persas se trataba de hecho de una religión procedente de Roma y estaba, por tanto, bajo sospecha: el status incierto de los nestorianos los concentró primero en monasterios y acabó desarraigándolos y lanzándolos tras las huellas de sus parroquianos, gentes que, como todas las diásporas, se dedicaban esencialmente al comercio. Lejos de la capital, en los confines del imperio persa, la conexión nestoriana acabó dominando las rutas comerciales con el lejano oriente.

Roma no los recuperó jamás – aunque fueron unos monjes nestorianos quienes introdujeron la seda en el Bizancio de Justiniano – pero su popularidad en el mundo de las estepas fue inmensa: los árabes les otorgaron una protección tan clara que los nestorianos desplazaron su sede de Ctesifonte a Bagdad, y los mongoles – como tuvieron ocasión de comprobar todos los viajeros medievales, de Rubruck a Marco Polo – los convirtieron en sus consejeros predilectos.

Los obispados nestorianos jalonaban toda la ruta de la seda, de Persia a China, de Afganistan a la costa de Malabar y en sus monasterios recalaban todas las caravanas que circulaban entre la Sogdiana y Siria. Los festivales nestorianos, la magnificiencia de las reliquias que transportaban , su reconocida competencia médica y sus conocimentos de los prodecimientod administrativos les garantizaron un puesto en cortes de todo cuño. Los nestorianos proporcionaron a la estepa una masa crítica de gente culta, consejeros perspicaces y médicos competentes, sin fidelidades restrictivas para con la tribu. Capaces como los chamanes de curar a la vez cueros y almas, aportaban en cambio una visión más universal.

La conquista árabe del imperio persa en el siglo VII alteró y expandió las rutas pre-existentes: en este contexto, en el 635 dC, llegan a Chan’an, la capital del imperio Tang, los nestorianos. Tolerados primero, no tardaron en ganarse el reconocimiento expreso de los cosmopolitas Tang: sus médicos competían en palacio con los taoístas y sus Templos de la Luz se erigieron por todo el imperio. Su máxima implantación en China se produjo durante los segundos Tang, en el clima de decadencia que siguió a la gran rebelión del 756: la estela de Xi’an, el testimonio palpable de la presencia cristiana en China, es del 781. Atrapados en la prohibición de todas las religiones extranjeras del 845, su importancia en China disminuyó sin desaparecer del todo.

No así en la estepa, donde formaban parte del trasfondo religioso de multitud de reinos. En 1140, las simpatías por el nestorianismo de un príncipe del reino de los Kara Khitan tendría una repercusión inusitada: la victoria de éste sobre los turcos seljúcidas le proporcionaría unas dimensiones de leyenda para acabar convirtiéndole en la figura mítica del preste Juan. La leyenda de este rey cristiano situado en la retaguardia del Islam encenderá la imaginación y las esperanzas de los pequeños y amenazados reinos cristianos de occidente: su búsqueda alimentará el impulso de expediciones y descubrimientos desde finales de la Edad Media hasta el siglo XV.

La realidad sin embargo era muy otra: no sólo los nestorianos carecían de enemistad manifiesta hacia el Islam – fueron incluso favoritos en la corte de Harun al-Rashid – sino qe su peso en Asia Central los convirtió en un apoyo ineludible para los mongles. Su vinculación con el mayor imperio que el continente euroaiático haya conocido jamás los llevó a la cima del poder y de la fama: el relato que recoge los viajes de Rabban Sauma, el gran monje chino nestoriano que viajó de China a Persia y a Bagdad a finales del siglo XIII, da un cuadro vivísimo de la prosperidad y conexiones de los centros nestorianos. Ciertamente la fluidez del comercio en un mundo unificado por la Pax Monglica les proporcionó una prsperidad sin límites, pero unió la suerte de ambos de forma irremediable: la caída del imprio monol desarticuló la ruta de la seda, arrinó a los nestorianos y arrastrtó en su caída la de los prósperos monasterios de los límites orientales. Aunque conservaron influencia y poder durante el khanano Il-Kahn en Persia, la iglesia nestoriana no sobrevivió a las conquistas de Tamerlan (1370-1405) que cortó la relación de las comunidades de la estepa con el patriarca de Bagdad. Diseminados y carentes de todo apoyo oficial, los nestorianos se fueron apagando lentamente a partir de entonces, aunque comunidades nestorianas en torno al lago Van han sobrevivido hasta nuestros días.

El concilio de Éfeso
Tanto los nestorianos como los partidarios de Cirilo fueron llamados al concilio de Éfeso, en el año 431. La disputa se centró fundamentalmente en torno al título con el cual debía tratarse a María, si sólo Christotokos (madre de Cristo, es decir, de Jesús humano y mortal) como defendían los nestorianos, o además el de theotokos (madre de Dios, o sea, también del Logos divino), como defendían los partidarios de Cirilo. Finalmente se adoptó como verdad de doctrina la propuesta por Cirilo, y se le concedió a María el título de Madre de Dios, y los nestorianos fueron condenados como herejes.

La doctrina nestoriana, que sigue las enseñanzas del exegeta Teodoro de Mopsuestia, insiste en el carácter distintivo de la divinidad y humanidad de Jesús, lo que mueve a los críticos de esta confesión a acusar a los nestorianos de creer que Cristo era dos personas distintas: el Hijo de Dios y el hijo de María. Concretamente Nestorio se oponía a que María fuera llamada Theotokos (Madre de Dios) porque le resultaba una incongruencia lógica y una blasfemia.

Nestorianismo post-efesio

El nestorianismo fue desterrado del Imperio Romano, y la diáspora nestoriana encontró refugio en el Imperio Sasánida.Gran parte de los habitantes del imperio persa (en especial en Iraq) y los Lajmidas abrazaron la denominación cristiana conocida en Occidente (incluyendo aquí a Siria y al Imperio Bizantino como partes del Occidente) con el adjetivo de "nestorianismo".

la Iglesia Siria Oriental y la Iglesia Asiria -difisitas, es decir "nestorianas"- prosperaron acatando ciertas reglamentaciones de los "shahs" persas, entre otras aquella según la cual sus sacerdotes debían estar casados. En ese período prospera la escuela teólogica de Edessa (hoy Urfa) y se destaca la figura del patriarca Bar Saumas quien tenía su sede en "Babilonia" (en realidad Ctesifonte y Nisibis). Aún en los primeros siglos de la conquista árabe del Cercano y Medio Oriente la iglesia que mantenía la doxología (conjunto de opinión) difisita o "nestoriana" mantuvo un fuerte impulso misional logrando importante éxito en el Jwarizm (por ejemplo en la ciudad de Samarkanda).

Los cristianos "nestorianos" fueron una genuina correa de transmisión del conocimiento científico y filosófico grecorromano (particularmente del aristotelismo) a la entonces incipiente cultura islámica (luego desde Islam este acervo de conocimiento volvió a Europa); en el periodo inicial de los grandes califas omeyas se destacaban familias de médicos (seguidores de las doctrinas científicas de Galeno) cristianos "nestorianos" curando a los califas y magnates.
las escuelas cristianas "nestorianas" prosperaron en centros como el de Gundishapur (Persia) y Muharraq (en el actual Bahrein).
Entre los turcos orientales (como los uighures) y algunas tribus de mongoles pre-gengiskánidas como los khitan o kitans, al parecer es de esa época que surge en Europa la leyenda parcialmente cierta de El Preste Juan, siendo "Juan" una alteración de la palabra khan.

De este modo la cristiandad (de cuño nestoriano) llegó por primera vez a China hacia el año 635 cuando el misionero llamado en chino Alopen o Al Oben estableció una iglesia en la capital occidental durante el reinado de Taizong de la dinastía Tang, es decir, en la ciudad de Chang'an (actual Xi'an) , de esa época data la célebre Estela de Siganfú. Sin embargo posteriormente el emperador Wuzong (840 a 846) suprimió las "religiones foráneas" como el budismo y el cristianismo.


Nestorianismo

NestorianismoToma su nombre del obispo Nestorio (380-450) de Constantinopla, quien defendió la separación de la naturaleza humana (fruto de María) y divina (fruto de Dios) en Cristo, de forma que el hombre Cristo no es Dios, sino portador de Dios. Esto implica que el Logos-Dios al bajar a la tierra no se hizo hombre, lo que hizo fue habitar en el cuerpo del hombre Cristo. Esta separación humana y divina quita a María la condición de Madre de Dios, puesto que sólo es madre del Cristo hombre.

San Cirilo de Alejandría encabezaría el sector que rechazó de plano las teorías Nestorianas y las declaró heregías. En el Concilio de Éfeso, año 431, se fijó la doctrina: Cristo es una única persona en la que se unen las dos naturalezas: humana y divina (Unión Hipostática). María es la madre de la persona Cristo, luego es la madre de Dios.

En el 436 Nestorio fue desterrado al Alto Egipto. Discípulos suyos fundaron iglesias nestorianas que se extendieron por oriente hasta China.

Nestorio, patriarca de Constantinopla, fue más bien el propagador y sostenedor de la herejía que lleva su nombre y que ya se había manifestado anteriormente en los escritos de Diodoro de Tarso a partir del año 378 (m. 394) y de Teodoro de Mopsuestia, su discípulo (m. 428), de la escuela de Antioquía. Habiendo llegado a ser patriarca de Constantinopla, el año 428 y embebido de las ideas de Teodoro, usó toda su elocuencia y autoridad desde la cátedra patriarcal para combatir la herejía apolinarista (ver Apolinarismo), pero negó a la Virgen el título de Madre de Dios que ya hacía tiempo se le venía atribuyendo. María, decía en sustancia Nestorio, no es madre de Dios sino de Cristo, puesto que la persona de Cristo, nacida de María, no es idéntica a la persona del Verbo engendrado por el Padre; o sea, que las dos naturalezas en Cristo no están unidas hipostáticamente (secundum hypostasin o secundum essentiam) sino en una nueva persona que no es ni la persona del Verbo ni la persona del hombre, sino la persona del compuesto. Por consiguiente, en Cristo, no se pueden atribuir las propiedades divinas al hombre ni las propiedades humanas a Dios (comunicatio idiomatum).

Contra la doctrina de Nestorio se levantó un teólogo de primerísimo orden, San Cirilo, obispo de Alejandría. Nestorio pidió el año 429 al Papa Celestino la convocación de un concilio, en el que pudiese justificarse. El Papa pidió, entonces, información también a Cirilo y, en agosto del año 430, hizo condenar en un sínodo la doctrina de Nestorio; después expidió cuatro cartas: una a Nestorio para que se retractase; otra a la Iglesia de Constantinopla; una tercera a Juan de Antioquía, que defendía y apoyaba a Nestorio y la cuarta a Cirilo con el encargo de que hiciera cumplir la sentencia del sínodo romano. Pero, como quiera que Nestorio acusaba, a su vez a Cirilo de apolinarismo, Teodosio II, de acuerdo con el Papa Celestino I, convocó el Concilio de Éfeso que condenó la doctrina nestoriana (11 de julio del año 431). La doctrina de Nestorio sobrevivió en las escuelas teológicas de Nisibis y de Edesa; más tarde se propagó por la Arabia, la India y llegó hasta la misma China. En el siglo XVI, la mayor parte de los nestorianos todavía existentes volvieron a la unidad católica; pequeños y lánguidos grupos viven todavía en algunos sitios del Irak, Siria, Persia, Irán y en la India.

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